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 Mare Nostrum

 

 

…mi ley, la fuerza y el viento,

mi única patria, la mar.

José de Espronceda

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Parece lógico que en un planeta cuyas tres cuartas partes son agua, la navegación haya sido, desde la antigüedad, una actividad de gran importancia histórica, geográfica, económica y social.

Los fenicios fueron una potencia mediterránea allá por el año 1000 a.C. Expertos en la navegación de cabotaje, aprendieron a adentrarse en alta mar sin más guía que el sol y la Estrella Polar, e idearon mejoras en los navíos que permitieran mayor carga y mayor velocidad en los desplazamientos. Estos buenos navegantes no fueron los únicos en luchar por el control de los mares: los persas, los egipcios, los griegos, los cartaginenses, los otomanos, los romanos… fueron otros de los pueblos que batallaron por el poder de las aguas, que traía consigo el establecimiento de rutas marítimas que permitieran la corriente de pasajeros y mercancías. Quizá una de las más célebres por su repercusión histórica fuera la llamada Ruta de las especias.

Porque el mar ha sido protagonista también de importantes descubrimientos, escenario de cruciales batallas, destino de grandes viajeros: ligados a él van los nombres de Marco Polo, Niccolò Da Conti, Bartolomé Díaz, Cristóbal Colón, Vasco de Gama, Américo Vespucio, Vasco Núñez de Balboa, Jacques Cartier, Alonso de Ojeda, Vasco de Gama, Fernando de Magallanes, Juan Sebastián Elcano y otros tantos hombres que recorrieron el mundo a través de sus aguas.

Pero no todo es historia y pragmatismo, la necesidad y la estrategia alternan con la aventura. A veces la curiosidad por lo desconocido y el deseo de libertad llevan a surcar la inmensidad y a intentar domarla únicamente por la emoción y el recreo de enfrentarse a los elementos. Y ahí, el navegante, en un medio que le es hostil, debe hacer valer su destreza para sortear los peligros, desafiar las leyes de la física e, insignificante en la vastedad del piélago, vencer al mar. De los aspectos lúdico y deportivo de la navegación surge la competición entre embarcaciones, que nos deja imágenes tan hermosas como las de esta muestra.

Emilio Chamizo presenta en Mare Nostrum una colección fotográfica casi atemporal. A merced del oleaje y el viento, el fotógrafo captura instantáneas muy precisas de regatas clásicas; instantáneas que respiran acción, camaradería, pasión y felicidad.

Imágenes en blanco y negro que le roban al tiempo su protagonismo y atrapan instantes, pasados o futuros, del arte de navegar. El contraste cromático elimina las distracciones, potencia el detalle, refuerza las texturas y nos sumerge en un interesante juego de luces y sombras.

Mare Nostrum le propone al espectador un apasionante viaje lúdico por el mar, a bordo de embarcaciones clásicas, durante el cual podrá casi sentir cómo el agua le salpica. Mare Nostrum retrata tanto momentos como detalles a menudo imperceptibles en la lucha del hombre contra el océano. Inmortaliza lo efímero e incluso lo insólito: ¿acaso se puede caminar sobre el agua?

Para potenciar el valor artístico de la obra, Emilio Chamizo se implica en cada fase del proceso de creación: desde los preparativos previos a la propia captura, hasta el procesado artesanal de la imagen. Todas las fotografías de la serie Mare Nostrum están impresas por él mismo en lienzo de algodón de 390 gr/m, libres de ácido, mediante técnica Giclée, con tintas Epson K3 y montadas a mano sobre bastidor de madera. Además, cada lienzo se vende en edición limitada, con reproducciones numeradas y firmadas por el autor.

Pasen, observen, sientan la velocidad, huelan el salitre. Sumérjanse en un arte tan antiguo como la civilización. Disfruten de Mare Nostrum. Háganlo suyo.

Muestra comisariada por Silvia Chamizo Blanco